lunes, 26 de septiembre de 2011

Pequeñas joyas del cine español: "El andén" (Eduardo Manzanos. 1952)

Cartel de "El andén" (1952)
La mañana despierta como cualquier otro lunes que no quiere desperezarse. A través del humo de un café recién servido y por el gran ventanal de un antiguo Café de Gran Vía, el nuevo tranvía de Zaragoza realiza sus primeras pruebas. El sonido de su campanilla me obliga a recordar viejos tiempos, viejas vías pisoteadas por el Coso y fotografías en blanco y negro de sucios y difuntos tranvías por el Paseo de la Independencia. Seguramente este nuevo tranvía no pasará para todos igual y siempre habrá un viejo en el andén esperando ese convoy que nunca llega. De esta manera tan singular recordé una película que revisé hace poco tiempo, muy poco conocida por el gran público y que se encuentra entre lo mejor que he visto en nuestro cine. Filmada y dirigida en 1952 por Eduardo Manzanos, El andén narra la vida en el apacible y humilde pueblo de Villena desde la visión del Jefe de Estación (Jesús Tordesillas). La vida del pueblo se concentra en el andén de dicha estación, lugar al que la gente acude en su tiempo libre para pasear y para disfrutar de uno de los mayores alicientes del día: ver pasar el Talgo fugazmente, como una ráfaga, toda una modernidad a la que este pueblo no está acostumbrado. El Jefe de Estación, don Javier, es la persona más querida y respetada del pueblo; un hombre bueno y pacificador que cuida de su sobrina Pilar (Marisa de Leza) y de todo el vecino de Villena que necesite ayuda. El andén de la estación es el testigo mudo de todos los acontecimientos importantes y don Javier es esa persona que parece conocer bien a todos los habitantes de Villena, una figura paternalista mucho más importante, por ejemplo, que el Alcalde (Juan Calvo). Pero esta película también nos muestra el temor del desempleo en una época en que el progreso industrial echa por tierra la mano de obra trabajadora. Manuel (José Bódalo) es el cabecilla de estos trabajadores y el pretendiente de Pilar. Este carretero de profesión advierte el inminente peligro del desempleo ante la llegada de una empresa demasiado industrializada encabezada por un encargado llegado de la capital (Fernando Rey). Finalmente Manuel decide convencer a todos sus compañeros para abandonar Villena en busca de empleo, a un lugar donde aún se necesite la mano de obra. En una escena estupenda, don Javier (que ya ha recibido ese mismo día la inesperada carta de una jubilación no deseada, después de cuarenta años de servicio) logra convencer a todos esos muchachos, que ya se encuentran en ruta hacia otro lugar, de que no pueden abandonar su tierra, esa tierra que trabajaron sus antepasados. Finalmente don Javier consigue retener a los trabajadores en el pueblo, también afectados por la inesperada noticia de su jubilación. En ese momento todo el pueblo decide preparar una fiesta en honor de don Javier en el mismo andén de la estación. Como agradecimiento, don Javier detiene al Talgo con la clásica bandera roja para que todo la gente pueda admirar de cerca ese prodigio tecnológico que solo habían podido ver pasar cada día durante unas décimas de segundo. Como consecuencia la compañía sanciona a don Javier y lo expulsa antes aún de que llegue su relevo preparado para su jubilación.

Los hechos se suceden como la vida en Villena, sin prisa. La historia navega en las mismas aguas que Calabuch o Bienvenido Mister Marshall y se desarrolla preparando al espectador para un final absolutamente conmovedor. Una de esas pequeñas joyas del cine español que merece la pena revisar con un reparto inigualable: Jesús Tordesillas, José Bódalo, Fernando Rey, Marisa de Leza, José Luis Ozores (ayudante de don Javier) Miguel Pastor Mata (el cura) y Juan Calvo.



Algunas imágenes tomadas de la web Lady fils trup.

Cartel posterior

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